Archivado en: Aventuras y desventuras... de vez en cuando
Ayer, durante una clase en la que descubrí que la mayoría de las lenguas asiáticas silabean, y que los chavaletes japoneses están destrozando el idioma porque al usar ordenadores ordenadores están dejando de aprender kanjis y cada vez usan más katakana (los extranjerismos… qué es más cool!), se me salió el hombro. Ya venía con él tocado de España, pero me temo que lo forcé con las asquerosas y viejas máquinas de mierda del gimnasio. Así que tenías que haberme visto: intentando colocármelo sin hacer ruido porque además tenía a la profesora al lado. Es duro, es duro, pero tampoco para tanto. Tranquilos. Mamones…
Cuando fui al centro de atención a estudiantes internacionales, me dieron la oportunidad de bien ir al médico convencional (rayos X y demás) bien ir al tradicional. Efectivamente, elegí el tradicional. ¿Qué será eso? ¿Un tipo con bigotes finos y largos que te cura con cuatro movimientos? No. Hoy he visto que no. Claro, estoy en Japón así que el médico tradicional es un fisioterapeuta. Vamos, que intuyo que la fisioterapia nació por estas tierras. Bueno, en cualquier caso, es muy barato y no solo me intentan arreglar el hombro: también me dan masajes por todo el cuerpo a un precio de nada (no os lo digo para que no me odiéis… más… bueno sí: 500 yenes!) así que me da a mi que voy a venir con bastante frecuencia... Por cierto, tengo mal el músculo que sostiene el hombro cuando todos los músculos están relajados (Ina muscle?), de ahí que se me saliera en clase!
Por la noche salí con Oyama, Ernesto, Tony y luego se nos unió su mujer. Empezamos en un restaurante tradicional donde comimos carne cruda buenísima, pescado, soja, ensaladas, arroz, carne asada… y otros manjares. La cena estuvo amenizada por una interesante polémica: piquilla Japón vs China y Corea del Sur. Es algo bastante complejo, como siempre, pero entre sus puntos principales destacan como siempre el dinero (quieren más ayudas de Japón, que no de pocas pero que quizás podría hacer más), el primer ministro visita todos los años un templo en Tokio en el que yacen algunos de los militares considerados criminales de guerra tras la Segunda Guerra Mundial (sus argumentos son poco convincentes para mi gusto: “Voy como ciudadano, no como representante del Gobierno de Japón), por otro lado, parece ser que los Japoneses ya se han disculpado muchísimas veces por los crímenes de guerra pero la información no les llega a los chinos (consecuencias de vivir en un país comunista, Claudiete); además, en los libros de texto japoneses, parece que últimamente se han pasado por alto dichos crímenes de ahí los ataques a la embajada japonesa que vimos por la tele no hace muchos meses.
Después, bolos. Que no os extrañe: aquí están muy yankizados (os recuerdo que el béisbol es el deporte nacional). Luego otro poco de karaoke con barra libre por dos horas y media, y a casa de Oyama! Allí seguimos hablando –y algunos bebiendo- hasta las 5 y media de la mañana, y para casa! Vaya, me dejé la mochila en casa de Oyama!