Archivado en: Aventuras y desventuras... de vez en cuando
Quedo con los del laboratorio para “ir a cenar algo y pronto para casa” que todos estamos muy ocupados –si Pirri, si... algo hacemos- … Pero, claro, una vez más nos liamos y acabamos en otro “come y bebe todo lo que puedas durante dos horas”… Y comimos y bebimos –yo solo una jarra de cerveza, y 4 zumos de naranja… y ya sabéis cómo me afectan los zumos de naranja. Esta vez, afortunadamente no hay fotos –no voy a comentar que lo tengo grabado porque para qué…- pero he de reconocer que acabó bastante peor que las que hicimos hasta ahora… y eso que no era fácil (enseñándoles los pelos de la barriga, los del pecho –ellos si acaso gastan en los pezones-, dandoles la turra a las de al lado para que Oyama pillase novia… brindando, Oyama repartiendo besos… Vamos, un show).
Y luego acabamos en un bar de hip-hop. Para que los de Gijon os hagais una idea, era algo asi como la parte de atrás del King pero un poco más grande y más oscuro (y pagando 2.000 yenazos!)... Para los del CEMFI: como la cocina de Pilar??... Y para los del curro: iba a compararlo con algo del Winsord pero... Que se quemo?!! Aunque definitivamente diria que era como el “Atrillo”?. En fin, habia un pincha y tal, un montón de gente y cuatro tipos nuevos, tajadetes, bailando en el centro –los únicos!. La cosa ya iba mal –aún no entiendo cómo podían tener tanta paciencia las tías con nosotros –las UFO, Marta, las UFO- porque todavía nos hablaban y hasta cierto punto, cuidaban (Oyama necesitaba cuidados)- cuando llegaron dos tíos a rapear. Lo siguiente que recuerdo es a Ernesto detrás de los tíos bailando, a Tony al lado de un cantante –pegado- diciéndole: “Break Dance, Break Dance…” y el tipo mirándole mal (se ve que no quería bailarlo… o eso o que le parecia incomodo bailar con un tipo pegado a la oreja), y… bueno… yo por ahí, empujado por Ernesto entre los cantantes, pisándoles los cables de los microfonos de manera que casi no podían ni cantar por aquello de que de vez en cuando las manos se les iban hacia atras–creo que también hay algo grabado… Vamos, un cuadro. Las cosa no podía ir peor. No. No? Pues sí, justo cuando Oyama -que estaba en su momento más pletórico de bailoteo- perdió las gafas. Ahí nos ves a los cuatro, haciendo hueco entre la peña para encontrarlas, primero agachados, y luego gateando. No me preguntéis para qué era necesario gatear pero gateábamos y nos reíamos. Gateábamos y nos reíamos. Y aún así, creo que tuvimos aceptacion femenina… Lo dicho: de risa. Acabamos en un bar, brindando y cenando algo más, con un par de homólogos de Ernesto y Tony. Esto es, por raro que parezca: otro chino afincado en Canada, y otro hijo de japoneses nacido y criado en el extranjero. Y eso que era para “ir a cenar algo e ir pronto para casa”.
Yo tenia que ir pronto para casa porque... tenia una cita ineludible con mi destino...