Archivado en: Aventuras y desventuras... de vez en cuando
Ya llego Marta y con ella las vacaciones!! Vaya par de pelotas que tiene por hacer este viaje solo para verme… GRACIAS, mamona!!
Por cierto, si llega a tener el billete para el día siguiente no aterriza ni de broma. La tormenta de nieve siberiana que azotó Japón por aquellas fechas ya había hecho acto de presencia. Para que os hagáis una idea, en Kioto solo nieva una o dos veces al año, y apenas cubre, y al día siguiente de que viniese, pudimos hacer fotos como estas:

En los jardines del Palacio Imperial, en Shugakuin -donde yo vivo- te encuentras sitios como este.

Y paisajes como este. Eso sí, poca gente puede entrar tanto aquí como en el Palacio Imperial porque hay que pedir cita días antes... En cualquier caso, está muy recomendado (no tanto el Palacio, que está en el centro, como los Jardines de Shugakuin)

Esto es el Palacio Imperial, en el centro de Kioto. Tiene su punto pero al final es una combinación lineal entre Los Jardines (arriba) y los templos.

El Castillo de Nijo es un poco polémico. Veréis, dentro de los palacios, castillos y demás, no hay nada. Solo tatamis, algún jarrón y pinturas en paredes y techos. Lo que más impresiona son las estructuras de madera, los tejados -que están hechos a conciencia a base de prensar distintos tipos de madera, y que el único aislante que tienen son esos paneles de papel de arroz. Imaginaros el frío que pasamos por ahí (recordar que por aquí hay que descalzarse para todo!). Aunque eso sí, aisla más de lo que parece. En cualquier caso, en el Castillo de nuevo lo más interesante es la parte de fuera, si bien un poco cara, de ahí la polémica...
Vamos, sí, un frío del copón. Lo que pasa es que no sé qué clase de mutación genética caracteriza a la gente japonesa, especialmente a las mujeres porque lo que más me impresionó ya no fueron las extraminifaldas esas que llevan sin medias haga el frío que haga. Lo que más me impresiona es que algunas las llevan con zapatos abiertos, y… lo máximo: con esto.

Eso sí, vienen preparadas con una tira de plástico para aislar completamente los dedillos del frío. Y yo mirando mil detalles para decidir qué botas de montaña comprar... Seré aficionado!!
Pensé que la señora esa estaba loca –poco menos- y que evidentemente no vería nada parecido en mi vida. Pues cerca del Palacio Imperial apareció un monje con el mismo modelo… y yo con los pies congelados bajo mis botas de montaña. Qué vergüenza!!
Otro día salimos en plan freaky para que Marta conociese un poco el ambiente más ánime de la noche... Ahí va una foto que puede resumirlo todo:

Lo mejor, la música rayante-disco que había a todo volumen en donde te hacías la foto...
El día de Nochebuena dirigimos a Osaka, donde David Esteban y Gonzalo tenían preparada una fiesta con gente de todos los países. Tenía buena pinta, y además cada uno llevaría comida típica de su región. Pero antes de esto, pasamos la tarde paseando por el centro de Osaka. Evidentemente, es totalmente distinto a Kioto (solo Nara se le puede parecer algo), y viene a ser como la Barcelona de Japón: reivindican su dialecto y rivalizan con Tokio. Eso sí, sin Estatut. En cualquier caso, lo dicho, no está mal pero no deja de ser una gran ciudad (es que personalmente, paso).
Por allí se ven unas falsificaciones de pelucos muy chulas. Las suelen vender occidentales así que me acerqué a la chica que los vendía sobre un puente junto a Yoshida Bashi. La tía era israelí, y llevaba un par de días vendiéndolos. Muy maja. Nos dijo que eran las “super copy”. Y es que también hay un ranking de falsificaciones. Dijo que venían de Corea, que eran las mejores. Evidentemente, también tenían Luis Vuitton, aquí no hace falta carnet de identidad, pero sin algo de Luis Vuitton no eres nadie.
Seguimos caminando y un par de horas después encontramos a otro. Los precios iguales (por cierto, cerca de los 150 euros!). Este llevaba más tiempo que la otra y estaba un poco más enterado. Además, llevaba 2 ó 3 años viajando y ya había estado en alrededor de 50 países, entre ellos España. Volvió a hablarnos de las super copy y nos hizo un ranking más coherente con Túnez a la cabeza. Está claro que éste le enseñó todo el rollo a la otra, que se hizo un lío y nos dijo de dónde eran en realidad los relojes. Por cierto, junto a él había un japonés mayor, a una distancia prudente, que debía de estar vigilándole para verificar que hacía bien su trabajo. Eso sí, tuvo las pelotas de pasar un mechero insistentemente sobre una cartera delante de nosotros para demostrar que era piel auténtica (efectivamente, no se quemó) y de golpear y frotar un peluco para demostrar que no se rayaban. De dónde sacarán los materiales?.
Después fuimos a la fiesta: gorros de Papá Noel, comida de varios países (si, tortilla quemada!), se me cae un cristal de las gafas (es lo que tiene lo de los “cristales al aire”), Antes muerta que sencilla, la conga con una canción que no tenía nada que ver, líos de faldas y líos entre tíos. En este último punto, le recomendé a David Esteban que por muy idiota que fuese el tío, no merecía la pena arriesgarse a perder la beca por un imbécil, aunque sepas que además le puedes arrancar la cabeza del primer puñetazo. Tenías que haber visto al freaky en cuestión. Y es que estamos tutelados por el Gobierno, lo que implica que si nos pasa algo nos respaldan y si somos nosotros los culpables nos podemos meter en problemas…

Tras haberos hablado de Roberto, aquí va por fin una foto que me atrevo a enseñar...