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Sábado, 11 de febrero de 2006


25 de diciembre: Kawaramachi en Navidad

Archivado en: Aventuras y desventuras... de vez en cuando


Y a la mañana siguiente, de vuelta a Kioto: a un mercadillo muy importante que se celebra el 25 de diciembre. Además, vamos a aprovechar a comprarle algo a “Ánkela”, para que se acuerde de cuando Tío KerKIO estuvo en KIOto. Bromeamos porque cada vez que le compro algo a Ánkela en un país extranjero (Irlanda y México) me pasa alguna aventura (centro comercial que ardía y me dejaron encerrado en una tienda en Dublín, y unos tíos que nos siguieron a Pablo y a mí por Querétaro, respectivamente).

Desde la residencia de David Esteban y Gonzalo, hay que coger un autobús, un tren y luego otro tren hasta que por fin llegas a Kawaramachi, Kioto. Antes de salir Marta quiere ir al baño, así que le acompaño y espero fuera. La mochila pesa lo suyo. La dejo en el suelo. La verdad es que ocupa bastante así que la arrimo a la pared. Hay bastante gente pero creo que ahí no molestará. Viene alguien en mi dirección, la misma que la del servicio de caballeros, así que me aparto de la mochila y le dejo pasar a la vez que le hago un leve gesto con la cabeza para invitarle a pasar. Por cierto, Marta está tardando mucho. Miro a la puerta del servicio de señoritas y no sale. A ver, después tenemos que coger el autobús número… PLOCK!!!! Mis gafas en el suelo. ¿Qué ha pasado? ¿Accidente? ¿Terremoto? ¿Qué? Miro al horizonte buscando información. Rápido. Más rápido. ¿Qué ha pasado? A mi izquierda parece que está todo en calma. Pero el impacto vino de allí!. Miro a la derecha. Nada. Solo un tipo gordo, algo más bajo que yo. Es el tipo al que le dejé pasar. ¿Más allá? Nada. Izquierda otra vez. Han debido pasar 4 ó 5 segundos tras el impacto y sigo sin saber qué pasa. Qué extraño!... Un momento! Analizo la imagen del tipo al que acabo de ver. Aún sigue clara en mi memoria. Enfoco su cara. Su mirada. Me está mirando mal. Vuelvo la cabeza de nuevo a la derecha. Ahí sigue. Me mira mal. No me lo puedo creer. Puede ser cierto? Estoy en Japón. Estas cosas no suceden en Japón. Es imposible. Pero ahí sigue. Y mis gafas en el suelo. ¿Y la gente? La gente no ha reaccionado. Lo conocerán? Será Yakuza? Está claro que mientras no vuelva a atacar no se la voy a devolver. Pero esto lo va a pagar. Lo va a pagar. Pienso en qué le puedo cargar: mis gafas -que ya estaban mal-, ¿la videocámara?, ¿el hombro? (hace tiempo que lo tengo mal...)… Yo puedo tener la sangre fría para no reventarle la cabeza (encima ahora estoy de hacer karate!) pero solo si consigo hacerle más daño que eso. En cualquier caso, le empiezo a gritar: Doshte? Doshte? (“por qué?”). El tipo se va. Entra en el baño tranquilamente. Cómo puede tener esa tranquilidad? Mafioso? Drogado? Borracho? Su mirada es ciertamente extraña. Demasiada calma. Se va, pero está localizado. De pronto me doy cuenta que el conductor del tren está ahí. Lo vio todo. Pero no hace nada. Muévete. Haz algo. Llama a la policía. El tío de pronto se pone nervioso al ver que le grito. Les llama. Dice que llegarán. Que espere. Él se va. De nuevo solo. Hay mucha gente pero estoy solo. Marta sigue en el baño. El tipo ese también, y pronto saldrá. Me empiezo a quitar prendas de arriba y a estirar. Una sí. Dos no. Espero que Marta no tenga que ver esto! Estiro. Me concentro. Tanteo la posibilidad de que tenga armas. Es muy probable si finalmente es mafioso. Pero no tengo otra salida. Si viene a por mi iré a por él. Hay mucha gente pero estoy solo. Es la única salida. Pienso en cómo atacarle. Puede no ser fácil. Ahí está. Sale. Yo ya estoy preparado. Respiro profundamente. Tomo aire. Y tenso todos los músculos de mi cuerpo. Él me mira mal. Le tanteo. Pasa cerca de mí pero no hace nada. No me fío. Estoy atento a todo. Se va. Puede ser lo mejor. Al fin y al cabo solo fue un puñetazo. No. No ha sido solo eso. He dicho que lo iba a pagar y lo va a pagar. Le grito que espere, que va a venir la policía. Se para. Viene hacia mí. Sigue sin parecer agresivo más allá de su mirada. Siento ese momento paralizante antes de una pelea. Cuando sabes que ya es inevitable. Aprieto los dientes y… De pronto aparece otra persona. Es un tipo joven, con pendiente, que empieza a hablar con el otro en japonés. Se conocen? Mierda, ahora en vez de con uno, voy a tener lío con dos. Y Marta puede salir en cualquier momento.


Yo creo que fue así pero sin siquiera la patilla de las gafas...


Escrito por Tío kerKIO (Teleña, para los amigos) El 02/11 a las 13:08
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Comentarios


Claro, si ye que nun pues dir por ahí poniendo esa cara que tú sabes (sí, esa de arriba a la izquierda) y luego pretender nun tener altercaos... Ye que la paciencia de los japoneses tamién tendrá un límite, joer.


Comentario de CLAVDIVS el el 02/28 a las 21:18

Una vez más...por mucho que me toque las pelotas darle siempre la razón, estoy de aucerdo con Clavdivs...Charly, eres la caña!


Comentario de Xvanivs el el 03/08 a las 19:59

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