Archivado en: Aventuras y desventuras... de vez en cuando
Después fuimos 3 noches a Tokio. Allí, en una de las ciudades más pobladas del mundo con cerca de 20 millones de personas, nos encontramos en Shibuya -uno de los barrios más famosos (sale en las películas, en los mangas…)- y por casualidad, noche que llegamos, a Rodrigo, el mejicano, y a la mañana siguiente a David Esteban y Gonzalo. Pero, ¿qué probabilidad había? (la misma de participar en una película en Japón o de que un alterado mental te sacuda, más o menos).
Ese día vimos un montón de sitios -los que ya os expliqué en mi otra escapada a Tokio- e hicimos otro montón de fotos:

En uno de los templos más famosos de Tokio... Viene a ser agua para purificarse, y te tienes que "lavar" las manos

... En el mercado que hay junto a Ueno (donde está el museo nacional)...

... o simplemente en las calles de la ciudad, que no es poco!
Dormimos en lo que se conoce como Love Hotels, donde te regalan los cuernos a la salida para que se los pongas a la parienta directamente al llegar a casa. Ahí suelen ir los japoneses a tener sus infidelidades con la secretaria, la compañera de trabajo o la jefa). Realmente son hoteles muy curiosos. Los hay de todos los tipos, pero el punto en común es que por fuera, todos parecen sacados de Disney World. Los hay de distintos niveles por diferencias en precios no tan distintas. Nosotros en esos tres días, fuimos pasando de peor a mejor nivel. Primero pagamos la novatada porque abren a las 22h y en 25 minutos están todos llenos así que esa noche empezamos eligiendo -como en los parques de atracciones- y acabamos en el primero que encontramos libre a última hora -como en los parques de atracciones!. El del segundo día era muy chulo, el único problema fue que en un momento de tensión que duró varios minutos pensamos que nos habíamos metido en un buen lío... Al final era que la máquina de preservativos –por qué te crees que se llama Love Hotel?- que había detrás de la puerta no era tal sino una máquina para pagar antes de salir (eso explica que no quieran occidentales en estos hoteles… hay demasiadas reglas que hay que saber de antemano si no dominas el japonés). Y el tercero lo cogimos en Yokohama –donde quedamos para salir con Tony y Ooyama- y venía a ser una pedazo de suite de unos 50 m2 por 10.000 yenes.
Y salimos... salimos!...

Hombre, enseñarles a beber el sake como golpes... tiene su coste!!

Ahí, ahí! Hasta el punto en el que se generan esos lazos de amistad... Marta llegó a ser uno más. El cuarto a falta de Ernesto. Lo pasamos muy bien, la verdad, muy bien.