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Jueves, 13 de abril de 2006


9 de enero: I vomited you

Archivado en: Aventuras y desventuras... de vez en cuando


Esta vez, fue la noche más lamentable que recuerdo… que en realidad, ni recuerdo, ni fue tan lamentable.

Todo empezó en el restaurante de la facultad. Creo. Esta gente empezó a tajarse y, como vosotros, se empezaron a quejar de mis zumos de naranja (por cierto, los tienen de mandarina buenísimos!). Una vez más, Ernesto, mi “Latin Brother”, me apoyaba y atacaba a mis adversarios con distintos retos alcohólicos (todavía no lo entiendo.. Ernesto, tu genética es japonesa o no?... porque no lo tengo muy claro). Al igual que hago con vosotros, me reía, me metía con ellos y pasaba de todo, pero en un momento de la conversación, hubo un punto... que encendió mi ira: “Si no lo haces por nosotros, hazlo por España”. ¿Por España? Mierda, ahí no me pude negar… Y en ese momento, empezó todo. El duelo, había comenzado.

No recuerdo muy bien cómo pero acabamos en casa de Ohyama. Una casa pequeña, pequeña, muy cerca de la facultad. A decir verdad, es poco más grande que mi habitación de la residencia, pero al menos no tiene mala renta.


Realmente, su casa es eso (y sí, el precio del suelo por estos lares no está nada barato, aunque... habéis probado a alquilar en Madrid?)

En cualquier caso, Tony ya se había rajado –siempre hace lo mismo: mete cizaña y después, se raja porque se emborracha muy rápido!- y evidentemente, Ernesto no competía, así que solo quedábamos Ohyama y yo. El tío es pequeño y asiático así que dije: “lo voy a tajar como nada”. Pero ahí tuve un error. Olvidé algo que luego me iba a pasar factura: el japonés, por definición es obstinado, y si se tiene que morir bebiendo, se muere, pero no te falla ni a un brindis.

Al grito de “I am Spanish” le empecé a meter golpes de sake y nada, oye, como un campeón. Después, cambiamos a otro sake más fuerte, y seguía (se quejaba y pedía el final, pero seguía). Qué tío! Le metí litros de unos cinco tipos de sake, seguidos, y nada (todo amenizado por unos aperitivos de lo más variado: chocolate, algas, queso, y chorradillas saladas... que per se, te haría vomitar).


Aún no sé por qué en este momento no le descalifiqué...

Y ya no me acuerdo de mucho más. Ah, sí, tengo una foto en la que salgo con una botella blanca. Es un alcohol chino, de unos 50 ó 60 grados, bebiéndola a morro (ahí no me siguió). Acto seguido, cayó dormido, y yo me fui apagando (esa sensación de “me entero de todo, pero… no soy capaz de controlarlo”).

A la mañana siguiente Ohyama recibió el siguiente mensaje:

“Ohyama, I am not really, really sure but I think I vomited your mattress, I vomited your shower, I vomited your floor and I vomited you. So, please, take your stuff to the laundry and give me the ticket. And don´t worry, I didn´t vomited the taxi… but just Tony´s shoes”.

Moraleja: no tajes a tu colega que no bebe, luego dejes de beber, le lleves a casa y encima prentendas que no te vomite los playeros. Thank you Tony… “Chicken”!.


Escrito por Tío kerKIO (Teleña, para los amigos) El 04/13 a las 13:59
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